sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Por qué no quería un puesto de liderazgo?



Hace unos días llegué muy emocionada donde mi jefa y le dije "Hey, hoy tomé break". Ella, con una cara de orgullo y susto me dijo "¡Eso, muy bien! Yo voy a ir a darme una vuelta a despejarme la mente". Minutos después, me horrorizó el reflejo de el momento.

Antes de aceptar mi puesto actual, siempre me pareció que era un terrible negocio entrar a liderazgo. No en esta empresa que amo, ¡en cualquiera!. Ví a mi papá mil veces salir tardísimo de la oficina, a mi novio tener que quedarse muchísimas horas después de su horario y con ambos he sostenido conversaciones monosilábicas mientras están tratando de responderme y solucionar lo que tienen en la pantalla.

A mi ex-jefa y amiga, mujer que admiro profundamente, muchas veces la vi luchando entre su rol de gerente y su rol de mamá/esposa. Siempre me recuerda mucho a mi mamá cuando veo a alguien haciendo estos malabares. Y entonces siempre dije: ¿Valdrá la pena? ¿En serio será así?

Entendí, con la poca práctica de unos meses, que los puestos de liderazgo están atados al servicio de las personas con las que trabajamos. Me he encontrado millones de veces pensando en la situación particular de uno de "los chiquillos" mientras cocino, me alisto para dormir o mientras vamos en el carro hacia la casa. Me apasiona cada día más pensar en el desarrollo de cada uno y siento un orgullo particular por cada uno de ellos.

Pero mientras he balanceado esto, me he descubierto saliendo 2 horas después, haciendo shifts de 12 horas y no tomando ni un solo descanso durante 9 horas, ni siquiera aquellos establecidos por ley. Me he dado cuenta que considero "descanso" ir al servicio sanitario o levantarme a traer agua.

Y ayer me golpeó muy fuerte hacer esta introspección:

Si los colaboradores con los que estoy no saben que respeto mi horario, ¿de quién van a seguir el ejemplo?. Si no me ven descansada, contenta, de buen humor ¿cómo van a saber la maravillosa experiencia que es tener un puesto en liderazgo?.  Y lo más importante: Si no soy yo la que refleja un buen manejo del tiempo, ¿quién se los va enseñar?. 

No sé quién fue el loco que nos enseñó que el trabajo duro es sinónimo de sacrificio en todas las áreas de la vida y sí, -en situaciones especiales- debemos "ponernos la camiseta" y trabajar hasta que el cuerpo aguante; pero, ¿a diario? Demasiado Paris Geller en sus tiempos de editora del Yale Daily News para mi gusto.

Entonces hoy, aquí en mi descanso, decidí invertir mi tiempo en proponerles algo. Vamos a reinventar esta cuestión: Descansemos, durmamos, hagamos ejercicio, tomemos los descansos que nos tocan y las horas completas de almuerzo FUERA.DE,NUESTRO.CUBÍCULO. Hagamos tiempo para arreglarnos el cabello, las uñas, maquillarnos (todo si queremos), jugar con los hijos, hablar con los amigos y sentarse a desayunar con los papás.

No dejemos que el liderazgo, que es tan lindo, se confunda con el Síndrome del Burnout. Usemos nuestro tiempo libre, salgamos, hablemos. Seamos ejemplo del Balance Vida-Trabajo para inspirar nuevos líderes, con buen balance y más felicidad. ¡Aquí les dejo unos tips (perdón, solo están en inglés) super útiles!

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