De Amy Winehouse a la Asamblea Legislativa: el cansancio de vivir siempre en guardia.
La persona que la introdujo a las drogas que le provocaron esa muerte fue su ex esposo, cuyo nombre llevaba tatuado en el pecho. La canción que la hizo saltar a la fama internacional (“Rehab”) hablaba de cómo ella no quería ir a rehabilitación de una forma talentosa y vacilona, como toda ella. Y como se hizo hit, nadie tuvo problemas con su contenido.
Ese disco fue escrito por Amy cuando su ex-esposo encontró refugio en otros brazos y la dejó. Es el resultado de su depresión, lágrimas y sufrimiento. Y cuando el éxito internacional ya la rodeaba, ese ex-esposo decidió volver a su vida para ayudarle a hundirse aún más. El sistema nervioso de Amy era para él un playground donde el juego que más disfrutaba era -sin duda- el subibaja.
Amy se acababa, pero sus regalías no. La industria la veía deshacerse y solo le proponían más dúos, más maquillaje para intentar tapar su frágil y decadente estado físico, más viajes y giras y hoteles, exprimirla hasta donde pudieran. La ironía de la que me reía es cómo las mujeres estamos eternamente llamadas a vigilar todo: Nuestra pareja, nuestro entorno, nuestros deseos y hasta los políticos que deciden por nosotras.
La ironía de ver un álbum celebrar 20 años de lanzamiento con una persona que lleva muerta 15 llegó cuando trataba de digerir mi indignación por el actuar de 5 mujeres en la Comisión de la Mujer de la Asamblea Legislativa. 5 mujeres que intentan reformar un proyecto de ley para desproteger los pocos derechos sexuales que le quedan a una persona violentada sexualmente.
Que no nos quiten los derechos, las pastillas del día después, el talento, las regalías, la voz y, en el caso de Amy, hasta la vida por intereses o satisfacción de alguien más. ¿Y quién es alguien más? El estado, la pareja, la industria musical, la familia y hasta la religión. La hipervigilancia femenina se transmite de generación a generación como una religión escondida: Aprendemos a andar las llaves entre los dedos, a caminar con miedo, a “no creerle a los hombres” y a no aceptar bebidas de nadie.
Y esa misma religión nos enseña a juzgar a la que sí, a la que falló en vigilar, en no escoger mejor, en ponerse esa ropa “pelada” que no nos dejaban ponernos si venían hombres, en volver con ese ex tóxico y morirse por eso.
La tendencia mundial ahora nos pide suavidad… ¿si ven lo que le pasó a Amy Winehouse cuando confió en sus propios sentimientos? Y todo para que las personas digan que “hay que saber cuándo parar y cómo escoger pareja”. ¡Qué dichosos los eruditos que nunca se equivocaron de interés sentimental en sus 20s!
¡Estamos TAN cansadas las mujeres! Pero, amigas, este NO es el momento de parar. Nos toca seguir vigilantes para que nadie se aproveche de nosotras: Ni en la vida íntima ni en la Asamblea Legislativa. Abrazo enorme, mujerones. Seguimos juntas. Y uno grande para Amy, gracias por tanto talento.
